Me acerqué a la
casa y traté de espiar por la ventana si ocurría algo extraño; pero no veía
nada, estaba todo oscuro. Cuando de repente divisé una sombra negra que parecía
ser un hombre con un arma, yo empecé a disparar pero apareció un amigo que me
miró con cara extraña y me preguntó por qué disparaba a las cortinas de esa
casa, le dije que había un hombre sosteniendo un revolver pero se me murió de
la risa, evidentemente había sido imaginación mía.
Entré a la casa
para ver si estaba todo bien y me tropecé, levanté la cabeza para ver si todo
seguía igual y vi a un lobo hinchado durmiendo pero la anciana que vivía ahí no
estaba. Comencé a escuchar súplicas de auxilio que provenían del estómago del
lobo y pensé que era parte de mi estado de ebriedad, pero noté al instante que
todo era cierto cuando el lobo despertó e intentó atacarme. Pude rápidamente
clavarle un puñal abriéndole el estómago dejando escapar de ahí a la anciana y
a una niña que aparentemente era su nieta.
Autores: Juan Cruz Ferri, Feche Zothner, Julieta Annan, Agustín Idda Abal.
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